El 8 de marzo es una jornada de celebración, conmemoración y también de lucha y transformación.
La historia se gesta y progresa gracias a la valentía y la complicidad de la fuerza conjunta de miles de mujeres que, a lo largo del tiempo, han sembrado unidad en la diversidad y sostenida la lucha cotidiana por la igualdad de género .
Hoy, millones de mujeres en todo el mundo saldrán a las calles con la certeza de que aún necesitamos seguir avanzando hacia una sociedad libre de brechas.

¿Y qué tiene que ver esto con el yoga?
Durante la práctica de yoga, la intención siempre es volver a nuestro centro: ese lugar donde sentimos el cuerpo, lo escuchamos y le damos espacio para que exprese su verdad.
Tanto hombres como mujeres pertenecemos a una historia generacional, cultural y territorial que habita nuestras células, emociones y patrones.
Volver al cuerpo también implica cuestionar y sentir el sistema que llevamos dentro y que creemos “propio”.
El influyente filósofo y pensador indio Jiddu Krishnamurti nos advirtió:
“La cultura, la religión organizada, la política y la educación fomentan la repetición, la obediencia y el entretenimiento para evitar que podamos experimentar la quietud profunda, donde surge la verdad”.
Su enseñanza se centró en la autoobservación directa y sostenía que el cambio social también ocurre a través de una transformación interna y profunda de cada individuo.
Nuestro cuerpo, al igual que nuestra mente, necesita espacio perceptivo .
Ritmo lento.
Entrega completa al Ser.
Atención desinteresada.
Sosten sin pedir.
Experimentar por placer.
Sentir sin juzgar.
Crear. Jugar.
Entregar y permitir que el amor recorra nuestra sangre.

Práctica para reconectar con tu energía femenina
Desde Namastecita te invitamos a tomarte un momento para intencionar tu práctica de yoga en este día , recordando los orígenes de la fecha, su proceso, lo que nos conmueve y también nos fortalece: a nosotras, a nuestras madres, abuelas y ancestras.
Nos enseñaron que lo suave es débil y que rendirse es ceder.
Hoy quiero invitarte a cambiar el objetivo: pasar de intentar “hacer la postura correcta” a moverte con gracia y expresión , dejando que tu lado yin guía cada transición.
Combina respiración, sonido y movimiento fluido.
¡A practicar!
¡Te invito, ahora sí! A darte un espacio amable donde puedas expresarte libremente y sentirte cómodo.
Pon música con sonido de agua que fluya para conectar con tus emociones.
Enciende un incienso que te guste.
Una vela que despierte la fuerza y la creatividad.
Y todo lo que sientas que necesitas para tu práctica de hoy.
Haz clic en la imagen y descubre esta maravillosa colección:
Comienza en Sukhasana (sukha significa felicidad, placer, comodidad: postura cómoda con las piernas cruzadas).
Apoye las manos sobre las piernas, con las palmas hacia abajo.
Empieza a sentir tu cuerpo. Tu respiración.
Observa la calidad de tus pensamientos.
Pregúntate:
¿Cómo me siento?
¿Qué emoción está presente en mi cuerpo?
¿Puedo permitirme sentirla?
Si puedes, cierra los ojos.
Lleva tu atención a la respiración y comienza a masajearte desde la punta de la cabeza hasta los pies.
Frótate. Pellízcate suavemente.
Elige un ritmo lento o rápido. Tú decides el camino.
Recorre con presencia: coronilla, rostro, cuello, hombros, brazos, muñecas, manos, pecho, abdomen, espalda, glúteos, piernas y pies, con la precisión que te sea hoy posible.
Cuando termina el contacto, comienza a movilizarse.
A tu tiempo. A tu forma. Con cuidado.
Suave, en rangos cómodos, como un despertar articular sin exigencia.
Varias veces:
Círculos de cuello.
Círculos de hombros.
Moviliza el pecho.
Luego suma el torso completo.
Y, si el cuerpo lo permite, integra todo: despega glúteos y piernas del mat y deja que el movimiento sea libre, fluido y expresivo.
Haz la cantidad y la intensidad que sientas en este momento. Si quieres, suma movimientos libres con los brazos.
Después, detén el movimiento.
Vuelve a recorrer el cuerpo por sectores, como hiciste con los masajes, pero ahora con la intención de relajar y entregar.
Entrégalo a la tierra, hacia abajo, sintiendo tu centro.
Dedica unos minutos a relajar el cuero cabelludo…
rostro…
mandíbula…
hombros…
y así sucesivamente hasta los pies.
Cuando sientas que terminaste, lleva tu atención únicamente a la respiración.
Inhala en 4.
Exhala en 8.
Repite unas 12 veces o hasta que sientas el impulso natural de moverte.
Para cerrar:
Masajea las sienes desde el centro hacia los costados sobre las cejas, muy lento y suave, como si acariciaras algo frágil y preciado.
Mantén esa sintonía y desciende hacia la garganta con el mismo gesto.
Luego al corazón.
Y por último al espacio del útero.
Dedícale amor, suavidad y escucha.
Silencio para sentir.
Observa los pensamientos, sensaciones o recuerdos que aparecerán y entrégalos a la tierra, inclinando el torso hacia adelante hasta donde sea cómodo.
Agradece este momento de intimidad en el tiempo y espacio que nos toca vivir.
Cuando te sientas lista, abre los ojos.
Date un abrazo largo y fuerte.
Y vuelve a crear una vida donde el placer, la tranquilidad y la LIBERTAD sean tus derechos.
Gracias por llegar hasta aquí.
Si esta práctica resonó contigo, si te acompañó o simplemente te hizo detenerte un momento, compártelo con nosotras en comentarios.
Tu experiencia también forma parte de este espacio.
¡Namastecita! 🧘





