¿Existe el yoga contemporáneo?

El yoga nació hace miles de años en la India, en el contexto de la cultura védica.

Los Vedas, considerados algunos de los textos más antiguos de la humanidad, surgieron en una sociedad profundamente conectada con la observación de la naturaleza, los rituales y la búsqueda de respuestas sobre la existencia humana.

 En ese contexto comenzaron a desarrollarse prácticas de contemplación, disciplina y autoconocimiento que darían origen a lo que hoy conocemos como yoga.

Siglos después, las enseñanzas fueron recopiladas y organizadas en los Yoga Sutras de Patanjali, una obra fundamental que sistematizó gran parte de la filosofía y la práctica del yoga. 

A lo largo del tiempo, el yoga siguió transformándose, atravesó generaciones, culturas y fronteras, hasta llegar a Occidente y a realidades muy diferentes de aquellas que le dieron origen.

Y fue entonces cuando comenzó a practicarse, enseñar y sostenerlo de nuevas maneras.

Pero quizás la pregunta no sea si existe o no un yoga contemporáneo.

Quizás la pregunta sea otra:

¿Cómo sostenemos el yoga en la vida que tenemos hoy?

de grabado artístico en esterilla de yoga Namastecita

El yoga sucede en contexto.

Como experiencia propia, he pasado mucho tiempo siendo una yogui de ciudad, intentando sostener la calma constantemente, siguiendo escritos y sugerencias de personas que habitan ritmos mucho más silenciosos y pausados.

Pero la verdad es que muchxs vivimos en el corazón de las ciudades, trabajamos, estudiamos, cuidamos de otros, cumplimos horarios y atravesamos días donde incorporar el yoga a nuestras vidas se vuelve complejo. 

Y eso también forma parte de nuestra práctica.

Escuchar antes que aplicar recetas

Hoy en día existe una enorme cantidad de información sobre aquello que nos hace bien.

Qué postura realizar en determinado momento o qué respiración practicar frente a una emoción específica.

Todo ese conocimiento tiene valor y experimentación, sin embargo hay algo que a veces queda en segundo plano: la experiencia propia.

Y es justamente ahí donde regresamos una y otra vez a la práctica.

No necesariamente a una clase de una hora. A veces simplemente con hechar la esterilla al suelo y rendirse al mat.

Porque si algo enseña el Yoga es que hay sensaciones que no vienen para ser corregidas inmediatamente. Vienen para mostrarnos algo.

mujer practicando yoga sobre esterilla ecológica Namastecita 

Entonces, ¿existe el yoga contemporáneo?

Tal vez el yoga contemporáneo no sea una nueva forma de yoga.

Tal vez sea la posibilidad de preguntarnos cómo llevamos nuestra práctica a la vida.

Porque la práctica no siempre es calma y bien estar. Muchas veces también es encontrarnos con lo incómodo. Con la exigencia, la frustración y con aspectos de nosotras mismas que no nos gusta reconocer.

No se trata de salir de nosotras para hacer entrar el yoga.

Porque el yoga sigue hablándonos de unión.

Unión con nuestra realidad, el contexto que habitamos y nuestras posibilidades con el cuerpo que hoy nos sostiene y siente.

Quizás ahí, justamente ahí, comienza nuestro yoga contemporáneo. 🌿

¡Namastecita! 🧘


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