Alineación en Yoga ¿Cómo cuidar tu cuerpo en cada postura?

Cuando hablamos de postura, hablamos de salud. 

¿Alguna vez te has preguntado por qué algunas posturas se sienten ligeras y cómodas, mientras que otras parecen exigir demasiado esfuerzo?

Muchas veces no tiene que ver con la flexibilidad ni con la fuerza. Tiene que ver con algo más básico: cómo nos colocamos.

Cuando hablamos de alineación, no buscamos una postura perfecta. Buscamos una postura que cuide nuestro cuerpo y nos permita movernos con más libertad.

Existen muchos métodos y técnicas de alineación. Y como todo movimiento nuevo que requiere adaptar una técnica al propio cuerpo, primero necesitamos observar.

Observar qué hacemos con nuestros pies, por ejemplo:

¿Cómo está distribuido el peso?
¿Carga más un lado que el otro?
¿Las plantas están plenamente apoyadas?
¿Los dedos tocan el suelo o lo empujan?

Pequeñas preguntas como estas nos ayudan a comprender que una postura de yoga sana no se trata de verse de una determinada manera, sino de desarrollar una técnica que cuide nuestros huesos, articulaciones y músculos.

Como sabemos, no tendremos este mismo cuerpo para siempre. Nos desarrollamos, cambiamos y poco a poco envejecemos. Por eso es tan importante aprender a cuidar todo lo que somos: nuestra completa corporalidad.

¿De qué nos sirve alinearnos?

Cada técnica tiene un para qué.

Algo que reúne a muchas prácticas del movimiento es la libertad que aparece cuando aprendemos a utilizar las capacidades de nuestra propia singularidad y descubrimos de qué manera nuestro cuerpo se potencia.

La alineación puede ayudarnos a realizar un saludo al sol con mayor comodidad, a entregarnos plenamente en savasana y también a habilitarnos hacia nuestros deseos más verdaderos, pensamientos elevados y la posibilidad de animarnos a ser felices.

El yoga tiene como fin la unión. Lo hemos dicho muchas veces, lo sé. Pero, ¿para qué queremos unión?

Unión con nuestro corazón.
Con nuestros pensamientos, tan locos como propios.
Unión con nuestros amigos cuando se sienten mal.
Unión en una fiesta al bailar hasta no dar más.
Unión al sentir que todo lo que existe también nos incluye y que cada movimiento nos vuelve partícipes de la realidad.

Eso también es salud.

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Algunas acciones y registros a tener en cuenta

  • Nombraré algunas de las acciones tomando como punto de partida la postura madre de todas: Tadasana, la postura de la montaña (parada y estática)
  • Desde aquí podremos hacernos preguntas, observarnos y tomar acción de una manera más simple, para luego incorporar poco a poco estos registros a las demás posturas y al movimiento dinámico en sí.
  • Como verán en cada acción, una sensación deviene de la otra y viceversa. Segmentamos las acciones para poder comprender mejor y ordenar las ideas, pero en el cuerpo como conjunto no existe una acción que no repercuta en las demás.
  • También es importante tener en cuenta los tejidos necesarios de sostén: cuando bloqueamos su movilidad (a través de tensiones innecesarias o exageradas) inhibimos y perdemos potencia en otras partes del cuerpo.
  • Registrar y volvernos conscientes de la complejidad que provee nuestra corporalidad.

Una sinfonía de fuerzas entrelazadas

Cabe aclarar que estas sensaciones y gestos son procesos dinámicos constantes, que no tienen una amplitud “correcta” dentro de cada corporalidad singular. Pueden ser tan sutiles e invisibles como voluminosos y superficiales. Tú sabrás hasta dónde se siente bien.

Por ejemplo, si digo: “elevar las rótulas hacia arriba”, no necesariamente significa que la rodilla vaya a subir visualmente en el espacio.

Más bien, conservando el pleno apoyo de la planta del pie, se realiza una acción sutil que modifica por completo la percepción y la colocación del cuerpo entero.

Por último, si no comprenden o no pueden localizar alguno de los segmentos que nombro, les recomiendo buscar imágenes, definiciones o referencias que ayuden a comprender integralmente tanto la acción como el imaginario que utilizamos para sentir el cuerpo y ponerlo en movimiento.

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Aquí vamos!

Pies

La postura deviene, comienza en las plantas de los pies y la distribución correcta del peso entre las dos. 

Siento y hago contacto con los metatarsos, los cinco dedos, el borde externo, el borde interno y el talón completo. En fin, toda mi planta entra en contacto con el piso y me hago consciente de mi peso corporal y de la gravedad que tira hacia abajo.

Contra esa fuerza aparece otra: nuestros tejidos y músculos que nos mantienen erguidos junto al empuje sutil desde las plantas al cuerpo completo. Una fuerza de compensación constante.

Piernas estiradas

El alargamiento completo de nuestras piernas gracias al empuje sutil que provocamos desde los pies al piso.

Aquí observamos especialmente las rodillas: estiradas, pero no completamente extendidas. La rodilla provoca una sensación de elevación hacia arriba, activando simultáneamente los cuádriceps para poder soltar con más confianza el peso del cuerpo hacia la gravedad.

Atención: es diferente extender las rodillas que bloquearlas, siempre que sientas puedes flexionarlas cuanto creas necesario para tí.

Pelvis

La pelvis es el segmento óseo desde donde devienen gran parte de nuestros movimientos e impulsos. Es base de apoyo, estabilización y sostén.

En ella se encuentra el punto donde se encuentran las fuerzas de compensación constante que hemos nombrado. Su posición ajusta y provoca todas las demás colocaciones de nuestros segmentos corporales.

Aquí buscamos una sensación de centro y neutralidad llamada pelvis neutra: el punto medio entre la retroversión y la anteversión pélvica.

Y quizás esta neutralidad sea una de las búsquedas más dinámicas, desafiantes y cambiantes a la hora de movernos.

La acción genera que la zona lumbar se alargue y se suavice, el sacro caiga hacia el piso en línea y la pubis se acerque sutilmente hacia el ombligo.

Columna vertebral

Aquí podemos pensar y sentir las curvaturas de la columna (cervical, torácica, lumbar y sacra) como parte de una misma línea que recorre el cuerpo desde la primera vértebra cervical (C1) hasta el coxis (final de la columna) "borrando" las curvaturas, es decir: alargamiento total de la columna.

El pecho se abre y se separa del pubis, creando espacio y longitud, pero sin caer en una extensión de la columna.

El torso permanece firme y alargado, las costillas "cerradas".

Extremidades superiores y cabeza

Los hombros se separan entre sí y se alejan de las orejas.

Los brazos se extienden y señalan hacia el piso, haciendo partícipes a las manos y al brazo completo.

Las cervicales se extienden hacia arriba y la coronilla busca el cielo, como si un hilo tirara suavemente de ella hacia arriba. La mirada permanece hacia el frente.

Llegamos al final!

Hablar de postura y alineación es hablar de conciencia corporal. De observarnos, conocernos mejor y aprender a movernos de una forma que nos cuide.

Como toda acción, no solo requiere de disposición y voluntad, también de paciencia e insistencia, es un proceso que lleva su tiempo y su espacio, su orden como también su caos.

No hace falta hacerlo perfecto ni entenderlo todo de golpe. La alineación es un proceso. Una conversación constante con el cuerpo. Con paciencia, práctica y curiosidad, cada postura puede convertirse en una oportunidad para conocernos un poco más.

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¡Namastecita! 🧘


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