Vivir siendo profesora de yoga: el camino detrás de cada clase.

Para muchas personas, el yoga comienza como una práctica personal. Con el tiempo, puede convertirse también en una forma de acompañar a otras personas en su proceso, de enseñar lo que atraviesa y, para algunos, en una profesión. Pero ¿qué sucede cuando aquello que alguna vez fue un espacio propio también se convierte en trabajo?

Detrás de cada clase hay mucho más que una secuencia de posturas: hay años de práctica, formación, preguntas, experiencias y también un proceso personal que continúa mientras se enseña.

En esta conversación hablamos con nuestra embajadora Marta, profesora de yoga y movimiento consciente, sobre el camino de hacer del yoga una profesión, lo que implica enseñar y seguir aprendiendo, y aquello que la sigue animando a elegir este camino.

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Namastecita: ¿Cómo fue que decidiste lanzarte a este camino y hacer del yoga una profesión? ¿Por qué el yoga y no otra disciplina?

💬 Marta:

"El yoga llegó a mi vida en un momento en el que ni yo misma sabía muy bien qué me estaba pasando. Entrenaba fuerte, era exigente conmigo y estaba siempre pendiente de los resultados, pero fuera de los entrenamientos mi vida seguía siendo bastante caótica. Había llegado a desconectarme tanto de mi cuerpo que enfermaba cada dos por tres. Siempre he tenido la mente y el cuerpo inquietos. Por eso me impactó descubrir que podía empezar una práctica con toda esa energía y terminar en calma. Que podía dejar de escuchar tanto ruido de fuera y empezar a percibir qué necesitaba yo. No es que dejara de creer en otras disciplinas; me encanta moverme y entrenar. Pero el yoga me dio algo que en aquel momento necesitaba muchísimo. Con el tiempo quise compartir con otras personas ese espacio que a mí me había ayudado a volver a mí."

Namastecita: ¿Qué disfrutas de ese momento de compartir la práctica con otras personas? ¿Qué te anima a seguir?

💬 Marta:

"Me encanta ver la evolución de mis alumnos, incluso en cosas que desde fuera pueden parecer pequeñas. A veces esperamos un gran resultado, algo que podamos señalar y decir: «Ya está, lo he conseguido». Y muchas veces el cambio aparece cuando dejamos de perseguirlo tanto, cuando simplemente estamos presentes y nos permitimos fluir. Verlos avanzar también me devuelve a mi propio proceso. Entonces ocurre algo en clase, veo a alguien escucharse o atreverse a aflojar, y recuerdo que yo también estoy aprendiendo."

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Namastecita: ¿Recuerdas tus primeras clases? ¿Qué le dirías a alguien que quiere empezar a dar clases de yoga pero siente que todavía no sabe lo suficiente o que no está preparado?

💬 Marta:

"Recuerdo mis primeras clases como alumna con una sensación agridulce. Como practicaba mucho deporte, podía llegar a muchas posturas con facilidad. Pero, aunque mi cuerpo llegara, yo no sentía que estuviera conectando con él. Cuando dejé de buscar la postura más complicada, descubrí que una de las que más me costaba era la postura del niño. Quedarme ahí, sin hacer nada más, me resultaba dificilísimo. Fue entonces cuando empecé a preguntarme qué estaba pasando dentro de mí y a escuchar mi cuerpo de otra manera.. 

A quien quiera empezar a dar clases le diría que empiece tal como es. Que no necesita ser flexible ni saber hacer las posturas más complejas para enseñar Yoga. Siempre hay una primera vez. Cada persona tiene sus maneras de enseñar, y descubrir las tuyas también forma parte del yoga."

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Namastecita: Al dedicarte a la enseñanza, ¿cómo sostienes tu propio proceso de aprendizaje y crecimiento? ¿Qué prácticas, espacios o experiencias siguen nutriendo tu manera de enseñar?

💬 Marta:

"Hay una frase que siempre me ha gustado: «El buen maestro nunca deja de aprender». Intento vivirla. Igual que imparto clases, sigo yendo a otras como alumna, porque necesito conservar ese lugar desde el que descubro, pregunto y me sorprendo. También procuro reservar tiempo de calidad para mí fuera de las clases. A veces es tomarme un café a solas, jugar de verdad con mis gatos, sin estar pensando en otra cosa, o entrar en la esterilla sin haber planeado ninguna postura. Empiezo a moverme según lo que necesito ese día y todavía me sorprende ver cómo responde mi cuerpo cuando le presto atención. Esos momentos me nutren tanto como una formación. Me recuerdan que lo que comparto en clase también tengo que darme permiso para vivirlo."

Namastecita: ¿Algo más que te gustaría compartir a la comunidad?

💬 Marta:

"Me gustaría compartir también lo que no siempre se ve cuando alguien está sobre la esterilla. Yo llevo allí mis ganas de moverme, pero también mis emociones, mis miedos, mis inseguridades y mis fortalezas.

 Hay días en los que me siento capaz de todo y otros en los que necesito tumbarme y no mover ni un dedo. Intento que sea un lugar donde pueda sentir todo eso sin juzgarme. No siempre me sale. A veces me descubro exigiéndome más de lo que necesito, igual que puedo verlo en alguno de mis alumnos. Pero hasta ese momento tiene valor: puedo darme cuenta, parar y elegir cómo quiero cuidarme.

Ojalá más personas se permitan descubrir su propia práctica, sin esperar que sea igual todos los días. Nuestra energía cambia, lo que necesitamos cambia y nosotros también. Para mí, el yoga es esa oportunidad de escucharnos y responder con movimiento o con quietud, con respeto y con un poco más de compasión."

Gracias Marta por tu predisposición a crear juntas este blog post en son de seguir difundiendo la práctica de yoga y sus hermosos desafíos! 💛✨

¡Namastecita! 🧘


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